Mentiras Compulsivas

La felicidad tiene el precio que tú quieras que tenga. María Ros

Forman parte de nuestra vida y aparecen casi al tiempo que aprendemos a hablar. Todos hemos mentido alguna vez. Todos. Pero en el fondo, cada vez que decimos algo que no es cierto a consciencia, algo en nuestro interior, allá en las profundidades de nuestro ser, se rompe.

Son una autoprotección que nos aísla y hace que los demás no puedan conocer a nuestro verdadero ‘yo’. Porque no estamos a gusto con quienes somos. Y por eso caemos en la patraña y mentimos. Usamos las palabras falsas como caparazón para ocultar la debilidad que creemos impera en nosotros.

Confundimos el tener imperfecciones con ser débil. El ser humano está lleno de imperfecciones, de defectos, de aristas que limar. ¿Qué gracia tendría que todos fuéramos perfectos? La vida sería tremendamente aburrida, sin nada que mejorar, sin nada que aprender, sin nada que nos hiciera caer para volver a levantarnos después.

Veritas Veritae - Mentiras compulsivas - El indomable Will Hunting

No somos capaces de encarar las adversidades y luchar por ser quienes queremos ser, no soportamos la presión, nos asustamos en seguida y construimos un muro de mentiras que nos salvaguarde de que los demás conozcan el ‘yo’ que detestamos, ese en el que nos han convertido las mentiras.

Pero esa trinchera de falsedad es ruin. Y tienen vida propia. Una vez que empiezas ya no puedes pararlas. Crecen y crecen y llega un punto en que su peso te aplasta y ya no puedes manejarlas, se te escapan de las manos.

By: María Ros

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