La crisis de los 20

Los veintitantos son una época bonita. Por fin eres mayor y ‘puedes hacer lo que te dé la gana’. Empiezas a tomar decisiones importantes. Encauzas tu vida como más te gusta. Pero también aprovechas para vivir al máximo, quieres dar rienda suelta a esa nueva libertad que la edad te ha otorgado. Y sales de fiesta, haces viajes, coges el coche con tus amigos y conduces hasta el amanecer, vas a la playa, subes montañas y planeas.

Planeas, planeas y vuelves a planear. Y aunque algunos de esos planes no se cumplen, no desistes, trazas otro plan y tienes la intención de llevarlo a cabo. Porque nada importa, nada salvo lo que estás dispuesto a hacer con tu vida. Y quieres hacer muchas cosas. Muchas y grandiosas.

Pero lo que nadie te dice es que también es una época de grandes dudas, dónde la incertidumbre acecha en cada esquina y la confusión te abruma. Tienes tu futuro en tus propias manos y no sabes qué demonios hacer con él, te gustaría echarlo por la borda por cometer las locuras que te apetezcan sin pensar en las consecuencias. Porque ‘ya habrá tiempo de pensar en el futuro cuando lleguemos a él’, piensas.

Veritas Veritae - La crisis de los 20

Y pasa que, con la veintena, uno ya está cansado. Cansado de tirar siempre por el camino correcto, el de la supuesta madurez adulta. Así que durante los veintitantos nos lanzamos a la piscina, queremos hacer locuras, ser rebeldes otra vez. Buscamos ser felices, buscamos disfrutar. Y por eso nos arriesgamos y nos aferramos a los límites de todo. Vivimos en una especie de limbo de la vida: ya somos mayores pero no acabamos de aceptar el que nos parece tan funesto destino.

Porque si aplacamos esas ganas de vivir, esas ansias por hacer cosas, por disfrutar de la vida, solo estamos haciendo eso: aplacarlo. Y tarde o temprano, lo que enterramos en la flor de la vida se abre camino otra vez hasta la superficie y explota. Y se traduce en la crisis de los 30, de los 40 o de los 50: crisis de madurez lo llaman.

Y la sensación de haber desaprovechado la vida se cierne sobre ti, y te ahoga. Porque cuando pudiste, no lo hiciste. Te dejaste llevar por lo que ‘era correcto’ y ahora no puedes volver atrás. Lo difícil es encontrar el equilibrio al hacer estos malabrares.

Lo que sí es cierto, es que la madurez en esta vida sería mucho más llevadera si de vez en cuando cada uno se arriesgara a hacer ‘aquello que siempre quiso y no hizo’, o se armara de coraje para conseguir sus sueños.

By: María Ros

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4 pensamientos en “La crisis de los 20

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