¡Oh capitán, mi capitán!

Y yo les pregunto, ¿qué se atreverían a hacer hoy si supieran que no fracasarían? Pues salgan a hacerlo.

Existen buscadores de pasiones, arqueólogos de la existencia, gente que pretende encontrar visionarios para mostrarles las delicias de la vida y encaminarlos hacia la espontaneidad del trabajo. Y qué casualidad, la mayoría son profesores. ¿Te extraña?

Esos maestros son una guía, la luz al final del oscuro recorrido de la adolescencia, son los que nos sostienen la mano para no caer en las tenebrosas incertidumbres de la época más hormonada y confusa de la vida. Ellos no nos confunden con una masa homogénea de jóvenes pubertosos, ellos saben quiénes somos, quiénes podemos llegar a ser.

Veritas veritae - Oh capitan, mi capitan - El club de los poetas muertos

Ese profesor enamorado de lo que hace nos deja huella, nos ayuda a encontrarle las cosquillas a la vida, entusiasmarnos por aquello que creíamos perdido, encontrarle la ilusión a tener toda la vida por delante y a tener una visión optimista del futuro.

Los adultos olvidan que los sueños, aunque solo sean sueños, son el motor que mueve un corazón joven, un corazón ansioso por comerse la vida a mordiscos de energía. Solo hace falta creer que puedes hacerlo para darlo todo y que salga adelante. Hay que creer en uno mismo y sobre todo hay que creer en las metas que nos ponemos. Como decían en ‘Million Dolar Baby’, es la magia de apostarlo todo por un sueño que no ve nadie, excepto tú.

Transmitir esa pasión por lo que nos hace vibrar, por lo que nos hace sentir vivos es precisamente lo que hacen los mejores profesores. Porque saben cómo contagiar ese brillo de su mirada, esa excitación. La vida no debería ser un viaje hacia la tumba con la intención de llegar seguro y hermoso en un cuerpo bien conservado, sino más bien derrapando en una nube de humo, totalmente agotado y desgastado, proclamando fuerte: ¡Wow, qué viaje! Hunter S. Thompson

By: María Ros

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4 pensamientos en “¡Oh capitán, mi capitán!

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