Tú mi espartano

La vida es muy corta, de sobras lo sabe quién ha experimentado la pérdida. Esa sombra te persigue adónde quiera que vayas.  Tú no haces más que martirizarte pensando en lo que nunca dijiste y quisiste haber dicho, en lo que nunca hiciste. Analizas cada minúsculo comportamiento de tu vida con esa persona y desearías haber hecho las cosas mejor. Pero ya no puedes.

Y te vas consumiendo cada vez un poco más. Inevitablemente. Porque no puedes cambiar las cosas, ni los caprichosos arrebatos de la vida, ni tampoco los designios del de arriba, que decide quién y cuándo. Es el que decide cuando tu espartano ha luchado por última vez, cuándo debe dejar la espada.

Encarcelados en las limitaciones del ser humano no podemos más que resignarnos y aceptarlo. Pero existe otra opción, puedes levantarte y luchar. Luchar por seguir viviendo, por merecer esa oportunidad que a ti sí que se te ha brindado. Es decisión tuya.

Luchar y vivir hasta el último aliento

o vivir pasivamente una vida sin motivaciones, sin alicientes.

Veritas Veritae - Tú, mi espartano - Gladiator (2000)

Quien no ha perdido nunca no sabe cuánto duele, cuánto cuesta respirar cada segundo de vida que él ya no tiene. Tu espartano. Quisieras poder seguir luchando con él para sobrevivir en esta vida tan perra. A ti te queda mucho por recorrer, muchas batallas que librar, y él no está para luchar contigo, espada con espada.

Nunca pensaste que costaría tanto ser consciente de cada bocanada de aire. Casi puedes notar el recorrido que hace dentro de ti. Inspiras. Expiras. La tentación juega contigo. Temes caer. ¿Y si dejaras de esforzarte? No, eso sería absurdo. No le harías volver. Vuelves a respirar y abres los ojos. Todo sigue igual. El mundo ni se ha inmutado. Nadie está pendiente de nadie. Se te eriza el bello del brazo y un escalofrío recorre todo tu cuerpo.

Él no te dejó cambiar, decía que tu algo era fascinante, auténtico, que si cambiabas debía ser para ser la mejor versión de ti misma. Para ser feliz. Para ser feliz con él. Con tu espartano. Decía que, como buen guerrero, era valiente para la batalla pero cobarde cuando se trataba de ser feliz. Pero que al conocerte fuiste su mecha de coraje, su inyección de adrenalina.

Quiso ser feliz, luchando por ti y dejando que tú lucharas por él. Eso es el amor.

Fue feliz. Contigo. Eso dijo. En tus brazos.

By: María Ros

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3 pensamientos en “Tú mi espartano

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