El espejo de Oesed

Alarga el brazo… Casi llega. En cuanto sus dedos rocen el cristal este adquirirá una textura gelatinosa. Y entonces ella podrá cruzar al otro lado del espejo.

La historia está repleta de leyendas sobre objetos mágicos y sus propiedades. Y muchas de esas fábulas relatan los poderes de uno de ellos: el espejo de Oesed. Dicen que es imposible encontrarlo, porque es él quién encuentra a quién lo necesita. Se le han adjudicado muchos nombres, pero las pistas siempre llevan al mismo sitio.

Una vez enfrente, nada le devuelve su reflejo, al menos no el que ella espera. A través de ese portal alcanza a ver sus sueños, sus metas, sus anhelos, sus miedos y sus preocupaciones.

Chow Hon Lam (Flying mouse 365) - Breakfast (2)

Alarga el brazo e intenta traspasar al otro lado, pero choca sin remedio con el cristal. Su subconsciente la ha engañado, nada cambia. Atónita palpa con las yemas el espejo y descubre la dura superficie del vidrio. Ahí detrás sigue la fascinante visión y no pude alcanzarla.

Asesta un puñetazo furioso y apenas consigue crear un rasguño en la lisa superficie. Vuelve la cabeza para salir de la estancia y olvidar el maldito espejo, pero todo ha cambiado. No hay más que un metro cuadrado a su alrededor. ¿Qué ha pasado con la espaciosa sala dónde ha entrado hace un momento?

Todo se ha vuelto oscuro, es triste, duele. Sus pies pisan sobre fango y no hay puertas ni ningún resquicio por el que pueda entrar luz. Cae el suelo, mientras se deshace en lágrimas. Está encerrada en su propia conciencia.

Girl in window

Se acerca despacio al cristal. Ahora sí que ve su reflejo, difuminado entre la luminosidad que desprende la visión del otro lado. Lo que antes parecía una meta, una aspiración, se convierte de repente en un amasijo de nada, inalcanzable. El esfuerzo, la constancia, la ambición ya no son suficientes. Mira a su alrededor y no hay nadie. Todo ha avanzado, excepto ella.

El grito de auxilio clama desde su corazón, aguardando a que alguien lo oiga. Pero no es capaz de verbalizarlo. Así que el reclamo silencioso cae en el vacío. Ya nada importa lo suficiente para luchar por ello.

Es un tormento.

Verse reflejada en lo que podría llegar a ser es un latigazo. Aparta la vista y se arrincona en una esquina de su metro cuadrado. Clavada en el suelo observa anhelante cada minúsculo detalle de lo que ocurre tras el vidrio. Pero no se mueve.

By: María Ros

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