Criptonita

Y de repente llega otra vez esa tentación, esa trampa en la que caes una y otra vez. Parece que nunca se cansa de venir a por ti, que no cesa en su empeño hasta que… ¿Hasta que qué?

¿Qué propósito tiene la criptonita? Es esa situación, esa persona que te hace caer constantemente, es tu propio demonio personalizado, ese que te visita con frecuencia y suele llegar justo cuando parece que todo va bien.

Te arrastra, te estira, no te da opción. No hay tregua. Tira de ti más y más, y con cada caída se hace más fuerte, y tú intentas soltarte, dedo a dedo, como en las películas de acción, en ese punto álgido en el que el protagonista está a punto de caer. Cuando solo le queda un dedo sobre la barra fría de metal que sujete todo su peso, mira hacia arriba en su última milésima de segundo de vida y espera que aparezca su Superman y le rescate mientras cae al vacío sin aparente remedio.

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Y todo acaba bien en la película.

Y esperas que a ti te rescaten igual. Por eso miras con ansia mal disimulada tus dedos y con pánico en los ojos ladeas histérico la cabeza esperando ver aparecer a tu salvador. Te entra el canguelo y la desazón más intensa cuando no sale nadie de entre la espesa neblina, creada adrede para darle más dramatismo a la escena. El aire sigue vacío, nadie te tapa el sol con su sombra y te descubres solo. Solo ante tu criptonita.

Parece que solo puedes salvarte tú. ¿Qué te parece eso? Cojonudo. Fantástico, ¿a que sí? Y maldices en voz alta, total nadie te oye. Nadie te avisó de esto cuando firmaste el contrato para empezar a existir…. Ah, espera, que no firmaste contrato, claro, que nadie te preguntó si querías vivir y si querías vivir así. Vaya por Dios, qué liada, ¿eh?

Y la yema de tu último dedo ya no resiste más, y se desliza vaticinando tu fatal destino. El sudor te recubre el cuerpo entero y ya nada te separa de dejarte arrastrar por tus demonios. La tentación ha ganado.

Y caes.

¡Zaaas! Algo te aferra el brazo con fuerza y tira de ti hacia arriba. ¡Aaaaaauuuu!

Un momento, ¿hacia arriba? Pero si estabas cayendo. ¿Qué…?

Ha salido de la nada, sin esperártelo, esa mano amiga que te sujeta con fuerza y te clava todas las uñas para evitar que te pierdas en tu tentación. Duele. Levantas la cabeza para descubrir quién se arriesga por ti y ves unos ojos cálidos que te gritan que no estás solo y que si prefieres caer, vas a tener compañía, te guste o no. Porque eso de ser la víctima en solitario “ya no se lleva”, te dice. Siempre hay un personaje con un fino sentido del humor en las situaciones más grotescas.

Te agarras con más fuerza de la que imaginabas que tenías y escalas. Entre los dos te rescatáis. Tendido en el suelo, sin aliento y asquerosamente sudado de la casi-muerte, del torpe rescate y del calor del fuego de tu criptonita, suspiras aliviado. Lo que iba a ser un funesto final para tu alma parece que va a terminar con una birra de agradecimiento.

Os alejáis hacia el ocaso juntos, tú inmensamente agradecido porque exista ese alguien que no te deja ceder al dolor de la soledad, mientras allá en las profundidades del foso más oscuro, se oye un desgarrador aullido de rabia. Tus demonios han perdido y te advierten con ese bramido que volverán a por ti.

Pero esta vez no te encontrarán solo.

By: María Ros

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6 pensamientos en “Criptonita

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