Lo que está en juego

La vida nos da palos, nos zarandea y al final ¿qué queda? Al final nos acabamos encontrando a nosotros mismos, siempre. Es imposible huir de quienes somos, es imposible esconderse de lo que uno es. ¿Para qué? ¿Para qué vivimos con miedo a estar con nosotros mismos? Si es que somos nuestra jodida eterna compañía. O aprendemos a mirarnos con ternura, a querernos y a cuidarnos o las palizas de la vida serán lo de menos.

Los trabajos se van tan rápido como llegaron. Los amores empiezan de golpe y a veces ni siquiera terminan, se quedan en stand by o se diluyen con las arenas del tiempo. Los años se escurren entre los dedos y las arrugas aumentan con cada cumpleaños. Y todo ¿para qué? Para seguir cotizando en esta vida, para pagar los impuestos de la eternidad que nadie nos garantiza que sea buena. Y todo ¿para qué? Para ser una miajilla más felices de lo que somos ahora.

Qué digo, ni siquiera bastan las migajas. Lo queremos todo. Queremos ser felices siempre, al 100% y con todo. All in. ¿No se dice así? Modernismos que tanto nos da por utilizar ahora, porque todo queda mejor si utilizamos palabros de otra lengua.

Veritas Veritae - Lo que está en juego

Pues eso, ¿por qué iban a bastarnos los restos de los demás? Puestos a pedir, pidámoslo todo. Pero no para mañana, ni pasado, ni para el año que viene.

Queremos ser felices aquí y ahora. No basta con hacer planes de futuro a destajo y tener sueños utópicos que se queden enredados entre las sábanas.

No basta con ir a buscar trabajo dejando la cama sin hacer, no basta con robarle un beso a alguien para irse a dormir con otro. No basta tener la mitad de nada, y menos si se trata de la felicidad.

Todo suena muy pletórico, que el concepto de felicidad está más que manido, que está machacado de tanto que lo utilizamos, de tanto que lo manoseamos.

Basta coño.

Que no se juega con estas cosas. Hablamos de la felicidad señores, ¡¡de la felicidad!! ¿Podemos imaginar un momento el alcance real del tema que nos ocupa? La felicidad. No hablamos de sexo, ni de trabajo, ni de relaciones, ni de pasiones, ni de chocolate. Y en realidad estamos hablando de todo eso sin parar, porque no son más que excusas y sucedáneos de aquello a lo que aspiramos, intentos cutres y existenciales de algo más grande.

Lo que está en juego de verdad somos nosotros, nuestro corazón, nuestra vida, nuestra existencia. Y dejamos que otros decidan, que otros opinen, que otros juzguen. Dejamos de ser nosotros porque nos asusta ser nosotros. Nos damos cuenta, ¿verdad? Que estamos en juego nosotros mismos, estamos en el centro de la maldita diana de todo. Que no dejamos de tirar dardos y no acertamos ni uno porque todo nos desvía: el viento, la marea, los semáforos y las fruslerías existenciales. Y total, ¿para qué?

Para pararnos 2 minutos frente al ordenador aporreando las teclas sin piedad para filosofar sobre esto durante un post. Alguna repercusión tendrá, para nosotros, para la sociedad, el mundo o para las generaciones futuras. Por ínfima que sea.

Dime, ¿te he hecho pensar? ¿No? Como si importara. Al menos escrito queda.

Ale, que te cunda la semana.

By: María Ros

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4 pensamientos en “Lo que está en juego

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