Todo el corazón

Suéltate la melena, súbete al tren en marcha y disfruta… Tópico tras tópico se nos insta a aprovechar el momento, a zambullirnos en el carpe diem de las narices. Pero la sensatez siempre gana terreno en nuestra cabeza, porque parece demasiado doloroso lanzarse al vacío y aterrizar con un planchazo. Además si nos pasamos de medida con aquello de deleitarse con los placeres de la vida, uno también acaba mal.

¿Y sabéis qué? Que me he cansado de medirme.

Cuando te pasas porque te pasas, pero cuando te contienes porque eres un estirado.

Basta.

Uno es como es y con eso, con lo que es, es con lo que uno tiene que trabajar, con lo que uno tiene que andar por la vida. Porque ir al paso de los demás es agotador.

Veritas Veritae - Todo el corazón

Con tanta medida y con tanta contención uno va perdiendo trenes – si seguimos con el tópico- pasan al lado sin frenar apenas y los dejamos escapar. Miramos a nuestro alrededor, buscamos unos ojos que aprueben ese salto, que digan que está bien, que es correcto. Y hay tantos pares de ojos, con opiniones tan distintas que nos volvemos locos y el tren se va, sin esperarnos.

Y así, a dos velas otra vez.

Siempre en el andén 9¾, viendo cómo se esfuma nuestro expreso de Hogwarts. Siempre esperando. Siempre en tensión.

Basta. Esta es una declaración de intenciones: para cada uno, para que nos lo digamos a nosotros mismos, para poner firmes a nuestro yo interior. Basta.

Las oportunidades no llegan a montones, pasan a nuestro lado y si las coges bien y sino, ajo-y-agua. La cuestión es averiguar si las queremos y lanzarnos a por ellas. Porque la prudencia está muy bien, pero nos dejará siempre en el andén, esperando a nosesabequéniquién que vaya a indicarnos con cartelitos de Mr. Wonderful que ese es el tren y que ese es el vagón.

El dilema está en si uno se deja arrastrar por su encasquetado modo de pensar o si afloja las riendas y se suelta el pelo, sin preocuparse por los enredos. Se trata de decidir si uno disfruta del galope y deja que la adrenalina recorra el cuerpo desde los dedos de los pies hasta la última neurona o si en cambio se ofusca porque pronostican un poco de lluvia.

Se trata de si uno se arriesga y navega o es prudente y se queda en la costa, mojado por los vestigios de la corriente de aquello que pudo haber sido y no se atrevió a ser.

Y no se me ocurren más tópicos. Pero me entendéis, ¿no?

Pongamos todo el corazón en lo que hacemos. ¿Que eso puede provocar los desastres más desastrosos? Sí, y además duele. Pero también hace que cuando pruebas la felicidad estés pletórico, que cuando amas, ames con todo el corazón y que cuando saltas, te des cuenta de lo maravilloso que se ve todo desde arriba.

By: María Ros

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